Se murió al tano, viste? ¡Pobre!, nunca entendí nada de lo que decía. Era más atravesado para hablar. Acá todos lo cargaban, se reían de él. Y él los miraba nomás, con los ojos celestes descoloridos, quizás de tanto lagrimear. Cantaba entre dientes mientras arreglaba los zapatos, una canción triste, y se le llenaban los ojos de ausencia. Cuando oscurecía, se sacaba el delantal de cuero, llevaba la silla a la puerta y prendía su pipa.
Fumaba y el humo se le enredaba en los bigotes y el pelo blancos. Yo lo miraba, primero con miedo, después con curiosidad; no podía escuchar qué decía, de a poco me fui acercando y lo escuché, poro igual no entendía nada: “güerra, figli, mogle”, repetía, murmurando como un rezo y otra vez se mojaban sus ojos.
Sus manos me llamaban la atención: fuertes, grandes, oscuras por la tinta y la pomada de lustrar, ásperas como forradas en cuero. Viste como son los chicos, la curiosidad pudo más que el miedo, me acerqué y tendí mis manos para tocar las suyas, tan diferentes a todas las que conocía. Cuando las toqué las sentí cálidas, ¡y qué se yo!, cosas de chico, como si esperaran.
Giró su cabeza y me bañó con la luz de sus ojos. Eso fue lo que sentí cuando me miró. Sus labios se estiraron apenas en una sonrisa y dijo: ” Io ti voglio bene”.
Desde ese anochecer iba siempre a sentarme a su lado, el sacaba una sillita y la ponía al lado de la suya. No hablábamos, él fumaba, murmuraba:”güerra, figli, mogle”, suspiraba, enjugaba sus ojos y acariciaba mi cabeza con una suavidad increíble en esas manos.
Cuando mi madre me llamaba me alborotaba el pelo y me decía:”Io te voglio bene, a domani”.
Yo no tenía abuelos, mis padres habían perdido a los suyos antes de nacer el tano y yo (nunca nos dijimos nuestros nombres, él me decía”ragazzo”) era la imagen que faltaba en mi álbum familiar.
Yo crecía y él, de a poco, fue apagándose más. Cuando no pudo trabajar unos paisanos suyos lo llevaron a un asilo. Fui a verlo varias veces, me parecía una de esas velitas de noche que acompañaron los sueños de mi niñez, y como ellas se consumió, sin estridencias murmurando:”io ti voglio bene”.
Al final pude saber que quería decir ¡Pobre tano!, cuando vuelva a verlo, algún día estoy seguro, lo voy a abrazar fuerte y antes que él, le voy a decir yo: “IO TI VOGLIO BENE”.
Texto: Prof. Roberto Reynoso
Pintura: "El Taller del Zapatero" Max Lieberman







30 jul 2007 | 03:16 AM
Excelente! me trasmitió sentimientos fuertes de niño y dolores profundos de hombres. Gracias por compartirlo con nosotros.
De paso te digo ¡qué bella es la Patagonia!
besos Raúl
30 jul 2007 | 03:31 AM
Hermoso texto... este relato tan lleno de sentimiento logró transportarme al recuerdo de infancia del autor. Gracias por incluirlo en tu blog.
Un abrazo!!!
30 jul 2007 | 05:31 AM
Hola Raúl espero no estes molesto conmigo, pues luego me porto mal jeje... Excelente escrito lleva a los recuerdos de la infancia, demostrando una vez mas que la experiencia se toma con el tiempo. Un post increible sin duda. Salu2!
Nota: Por cierto ya veo que conociste a Mixe, ayer se lo comentaba en su blog que me da gusto pues son dos personitas supper agradables y muy inteligentes. Hasta pronto.
30 jul 2007 | 06:38 PM
Lucía: realmente es un escritor y ante todo un amigo, que sabe como relatar sus historias para que nos lleguen a un rinconcito del corazón y Si como bien decis es bellisima ( aunque no toda eh!) Besote
Mixe: nada de gracias jeje... es un placer y un DEBER, dar a conocer a este tipo de autores (amigos), que nos hacen pensar y disfrutar con sus historias cotidianas, donde siempre encontramos algo nuestro, algo escondido en los rincones de la memoria... Gracias a vos por estar aqui. Saludos
RanII, para nada pequeña, "pertenecer tiene sus privilegios...
y tambien sus defectos, por lo tanto debemos aceptar las reglas de este juego", no te preocupes. Es asi, la experiencia es siempre intransferible y llega solo, con el tiempo...saludos y hasta pronto. (respecto de mi "encuentro"con Mixe, un acierto con todas las letras, gracias)
31 jul 2007 | 05:32 AM
Cuanta tristeza encerrada en este cuento que termina en nostalgia . MUy bueno . Besos
2 ago 2007 | 02:58 AM
Raúl Muy bueno tu post, realmente logró emocionarme, creo que llegué a imaginar al niño y al tano, sentados en una silla que para mi era de paja, como la que usaba mi abuelo (inmigrante libanés). Muy conmovedor, resulta gratificante poder leer textos como este.
Me encantó haber entrado a tu blog, lo encontré por casualidad y realmente no me arrepiento.
Marcela
Si queres pasar por el mio: Honrarlavida