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31 Agosto 2007

CUENTO LUNAR

CUENTO

UN CUENTO SOBRE EL PRIMER
HOMBRE QUE PISO LA LUNA

Una noche Neil Armstrong le anuncia a su mujer que partirá hacia la luna en una misión espacial. Ella, por supuesto, desconfía de su esposo.


Neil Armstrong, EL 20/07/69 en la superficie lunar.


APOLO11 O MAS NOCHES EN LA LUNA
por Uriel Bederman, igooh.com.ar

La familia Armstrong era pequeña y americana: Irina, niña un tanto más menuda que su cuna, ojos celestes y saltones. Leila, de padre Richarson, pies pequeños y tez pálida, esposa por ley y por iglesia de Neil Alden, el mayor de los hermanos Armstrong.
En el frente de la casa, que era de maderas horizontales pintadas en blanco, había dos sillas hamaca frente a las ventanas, una portezuela con mosquitero sin aceitar, y la bandera de los Estados Unidos de América flameando en un mástil alto sobre el alero.
Si bien Irina era pequeña, el casamiento había sido estupendo y soñado, y las familias de ambos estaban felices por ellos; un clima de tensión reinó en la casa de los Armstrong luego de aquella noche de primavera en mayo de 1968, en la que Neil llegó y dijo: “Leila, amor, me han ascendido”, descorchando una botella de champaña y alzando a la niña por los aires. Por entonces Leila no imaginó la desdicha que aquel anuncio causaría en la relación familiar.
Algunas noches más tarde, Irina dormía, hacía calor en Ohio, y Leila había preparado sandwiches de atún con mayonesa. Neil llegó una hora y media más tarde de las siete y se justificó en la mesa, ante su mujer, contando:
- Hoy definimos en reunión de comitiva quienes seremos los tres tripulantes de la nave. Es la oportunidad más grande de mi vida Leila. Nos vamos a la luna.-
Irina comenzó a lloriquear desde su cuarto. Leila empujó la silla y se levantó. Cuando regresó de la habitación de la niña, tenía los ojos azules muy abiertos y se rascaba la cabeza frenéticamente.
-Estuviste tomando.- dijo.
-Vos no querés entender. Nos vamos a la luna. Cuando lo veas por televisión vas a creerme.- Tragó saliva y continuó: -Los rusos mandan un perro como ensayo. Pero nosotros llegaremos antes que ellos.- dijo Neil mientras su esposa rasguñaba la mesa haciendo surcos repetidos en la madera.
-Preparo un café y te das una ducha bien fría. Mañana cuando estés sobrio, hablamos de esto Neil.
Él hizo “no” con la cabeza que iba y venía. Cuando Leila preguntó si de las reuniones de la NASA se vuelve con la camisa desabrochada hasta el tercer botón y con el cinto sin anudar, Neil apretó los dedos contra sus ojos cerrados y exclamó: -Si los malditos soviéticos no van a impedir que yo sea el primero, menos vos, una mísera campesina texana.
-¡Hijo de Puta!, ¡resentido hijo de puta!- gritó ella. –Es muy linda ella, ¿no? Y seguro es joven. Mucho más joven que yo.
La luna redonda y blanca se veía a través de la ventana. El llanto de Irina volvió a oírse en la casa de los Armstrong.

Leila no creía en Neil. Él traía recortes periodísticos que contaban los planes de la NASA: “Estados Unidos de América será el primer país de la tierra en colocar su bandera en la Luna”, u otro que titulaba: “Armstrong, el comandante elegido para el Apolo 11”.
-¿Vos querés que yo crea en estos papelitos?- dijo ella. Se tomó la nuca por sobre la cabeza y continuó: -Quiero que me lleves a las oficinas Neil. Entonces voy a creerte.
-Vos sabés que no puedo. Y no hacés más que poner piedras en mi camino. ¿Nunca oíste hablar de áreas restringidas, como “la 51”?- dijo él.
-El área 51 es un cabaret. Ya no tengo dudas de ello.- dijo Leila.
Le reprochó que regresaba siempre mareado. Y cada vez más tarde.
- ¿Dónde se ha visto?- decía Leila, incansable, sobre las explicaciones de su esposo.
Él quiso explicarle que hacían pruebas muy rigurosas. Una de ellas consistía en sentarse en una plataforma que giraba a más de 400 kilómetros en la hora, sujetado por unos cables de acero, mientras al unísono debía repasar en alta voz la tabla del ocho. Y que luego se pasaba horas enteras vomitando al pie del inodoro. U otra en la que lo colgaban de un cable flexible, boca abajo, por más de cinco horas.
Leila golpeaba la mesa con los puños y estaba cada día más pálida.

Era el 13 de mayo de 1969. Faltaba menos de tres meses para la misión. Aquél día Neil abandonó su casa en Ohio, y se alojó en los cuarteles centrales de la NASA en Cabo Cañaveral, Florida. El 17 de mayo Leila se mudó a la estancia de sus padres en Texas. Lloraba todo el día. Su rostro antes puro e infantil, se había transfigurado detrás de las ojeras y la dureza de los gestos. Parecía estar mordiéndose la lengua sin descanso.
Irina no notaba la ausencia de su padre, seguía llorando y regaba las sábanas por las noches.
Un mes más tarde Leila recibió la siguiente carta de Neil, que decía:

9 de Junio, 1969.
Campo de entrenamiento
.

Aquí las cosas son muy grises. Extraño a Irina y te extraño a vos. Pero debo quedarme aquí y por más que quiera regresar, aún no puedo. Las pruebas son muy exigentes. Requieren de mi presencia constante y de un seguimiento exhaustivo.
Estamos haciéndonos muy amigos con el resto de los muchachos. Comparto la habitación con Edwin y un tal Collins, que es italiano y habla un inglés muy cómico. Algunas noches nos juntamos a jugar al poker y cuando nos acostamos y hay oscuridad, decimos: “Somos astronautas. Viajaremos a la luna” y nos echamos a reír como niños estúpidos.
A veces tengo miedo Leila. Tengo miedo de la nave, miedo al universo, a la asfixia, al fuego, miedo al sol. Pero más miedo tengo de perderte a vos, y a Irina.
Desde allí arriba estaré saludándolas, cuando el mundo entero sea una pelotita azul, y América y Rusia se vean a un mismo tiempo.
Nos vemos a la vuelta de la luna.
Las ama, Neil.

Pd: Estuve pensando la siguiente frase para cuando pise la luna. Quizá deba pulirla un poco, aunque creo que está encaminada. Ahí va:
“Éste es un paso pequeño para el mí y uno gigante para la humanidad en general.” ¿Qué crees?

-No hay caso-, le dijo Leila a su madre entre sollozos. –Neil está engañándome, y tiene el coraje de escribirme semejantes estupideces. Está engañándome...
Leila apoyó la frente en la mesa. Estaba sentada en una silla de madera y sus brazos temblaban. Su madre, de pie a su lado, le acariciaba el pelo.
-Leila... ¿por qué no confiar en Neil? Cuando te casaste con él ya sabías que era astronauta. ¿O no es así? No te has casado con un campesino o un albañil- dijo la madre en tono grave.
-A la Luna, mamá. A la luna. Ni él se cree el cuento. Si me decía que se iba a un campamento, le hubiera creído y él hubiese podido revolcarse con todas las rusas que se le crucen. ¿Pero a la luna?
La mujer se sentó cerca de Leila, la tomó de la barbilla con el pulgar y el índice formando un arco abierto y mirándole fijamente los ojos azules, dijo susurrando:
-Nuestro país realiza misiones hija. Neil es uno de nuestros héroes. Además es el padre de Irina.
-Seguro es rubia.- continuó Leila rechazando la voz de su madre. -Y muy alta. Ojos preciosos debe tener. Así son todas las soviéticas.- dijo resoplando.
La madre la miraba sorprendida. –¿Qué decís hija?, ¿qué estás diciendo?
-Yo también tengo mis maneras de enterarme, mamá. Neil tiene otra. La muy perra es una que trabaja para los rusos. Y se llama Laika!

servido por Raúlo 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

moonluna

moonluna dijo

jajaja.......... muy buena historia de mi amiga luna

31 Agosto 2007 | 02:47 AM

honrarlavida

honrarlavida dijo

Buenísimo, atrapante, qué linda manera de narrar un cuento!!!!! Pobre Neil, encima de tanto sacrificio en el campo de entrenamiento, aguantar la desconfianza de Leila... Quiero que siga el cuento!!! ¿qué pasó despues?
Realmente me mantuvo espectante hasta el final, lo disfruté.
Marcela

31 Agosto 2007 | 04:52 AM

instanteca

instanteca dijo

Muy interesante este cuento, si señor. Menudo tipo! No sólo engañó a su mujer sino además a los rusos!!!

:DDDDD

31 Agosto 2007 | 06:49 AM

mixcelaneas

mixcelaneas dijo

Jajaja, muy bueno el comentario de "instanteca". Agrego que por lo que dicen (que no hubo ningún viaje a la luna) engañó a "toda la humanidad" y, por supuesto, entonces Leila tenía razón en desconfiar, es que ella lo conocía mejor que nosotros, jajaja.
Saludos!!!!

31 Agosto 2007 | 01:48 PM

Oli

Oli dijo

Muy buena historia, que interesante!
BESOS!!!

2 Septiembre 2007 | 05:02 PM

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