CUENTO
UN CUENTO SOBRE EL PRIMER
HOMBRE QUE PISO LA LUNA
Una noche Neil Armstrong le anuncia a su mujer que partirá hacia la luna en una misión espacial. Ella, por supuesto, desconfía de su esposo.

Neil Armstrong, EL 20/07/69 en la superficie lunar.
APOLO11 O MAS NOCHES EN LA LUNA
por Uriel Bederman, igooh.com.ar
La familia Armstrong era pequeña y americana: Irina, niña un tanto más menuda que su cuna, ojos celestes y saltones. Leila, de padre Richarson, pies pequeños y tez pálida, esposa por ley y por iglesia de Neil Alden, el mayor de los hermanos Armstrong.
En el frente de la casa, que era de maderas horizontales pintadas en blanco, había dos sillas hamaca frente a las ventanas, una portezuela con mosquitero sin aceitar, y la bandera de los Estados Unidos de América flameando en un mástil alto sobre el alero.
Si bien Irina era pequeña, el casamiento había sido estupendo y soñado, y las familias de ambos estaban felices por ellos; un clima de tensión reinó en la casa de los Armstrong luego de aquella noche de primavera en mayo de 1968, en la que Neil llegó y dijo: “Leila, amor, me han ascendido”, descorchando una botella de champaña y alzando a la niña por los aires. Por entonces Leila no imaginó la desdicha que aquel anuncio causaría en la relación familiar.
Algunas noches más tarde, Irina dormía, hacía calor en Ohio, y Leila había preparado sandwiches de atún con mayonesa. Neil llegó una hora y media más tarde de las siete y se justificó en la mesa, ante su mujer, contando:
- Hoy definimos en reunión de comitiva quienes seremos los tres tripulantes de la nave. Es la oportunidad más grande de mi vida Leila. Nos vamos a la luna.-
Irina comenzó a lloriquear desde su cuarto. Leila empujó la silla y se levantó. Cuando regresó de la habitación de la niña, tenía los ojos azules muy abiertos y se rascaba la cabeza frenéticamente.
-Estuviste tomando.- dijo.
-Vos no querés entender. Nos vamos a la luna. Cuando lo veas por televisión vas a creerme.- Tragó saliva y continuó: -Los rusos mandan un perro como ensayo. Pero nosotros llegaremos antes que ellos.- dijo Neil mientras su esposa rasguñaba la mesa haciendo surcos repetidos en la madera.
-Preparo un café y te das una ducha bien fría. Mañana cuando estés sobrio, hablamos de esto Neil.
Él hizo “no” con la cabeza que iba y venía. Cuando Leila preguntó si de las reuniones de
-¡Hijo de Puta!, ¡resentido hijo de puta!- gritó ella. –Es muy linda ella, ¿no? Y seguro es joven. Mucho más joven que yo.
La luna redonda y blanca se veía a través de la ventana. El llanto de Irina volvió a oírse en la casa de los Armstrong.
Leila no creía en Neil. Él traía recortes periodísticos que contaban los planes de
-¿Vos querés que yo crea en estos papelitos?- dijo ella. Se tomó la nuca por sobre la cabeza y continuó: -Quiero que me lleves a las oficinas Neil. Entonces voy a creerte.
-Vos sabés que no puedo. Y no hacés más que poner piedras en mi camino. ¿Nunca oíste hablar de áreas restringidas, como “la
-El área 51 es un cabaret. Ya no tengo dudas de ello.- dijo Leila.
Le reprochó que regresaba siempre mareado. Y cada vez más tarde.
- ¿Dónde se ha visto?- decía Leila, incansable, sobre las explicaciones de su esposo.
Él quiso explicarle que hacían pruebas muy rigurosas. Una de ellas consistía en sentarse en una plataforma que giraba a más de
Leila golpeaba la mesa con los puños y estaba cada día más pálida.
Era el 13 de mayo de 1969. Faltaba menos de tres meses para la misión. Aquél día Neil abandonó su casa en Ohio, y se alojó en los cuarteles centrales de
Irina no notaba la ausencia de su padre, seguía llorando y regaba las sábanas por las noches.
Un mes más tarde Leila recibió la siguiente carta de Neil, que decía:
9 de Junio, 1969.
Campo de entrenamiento.
Aquí las cosas son muy grises. Extraño a Irina y te extraño a vos. Pero debo quedarme aquí y por más que quiera regresar, aún no puedo. Las pruebas son muy exigentes. Requieren de mi presencia constante y de un seguimiento exhaustivo.
Estamos haciéndonos muy amigos con el resto de los muchachos. Comparto la habitación con Edwin y un tal Collins, que es italiano y habla un inglés muy cómico. Algunas noches nos juntamos a jugar al poker y cuando nos acostamos y hay oscuridad, decimos: “Somos astronautas. Viajaremos a la luna” y nos echamos a reír como niños estúpidos.
A veces tengo miedo Leila. Tengo miedo de la nave, miedo al universo, a la asfixia, al fuego, miedo al sol. Pero más miedo tengo de perderte a vos, y a Irina.
Desde allí arriba estaré saludándolas, cuando el mundo entero sea una pelotita azul, y América y Rusia se vean a un mismo tiempo.
Nos vemos a la vuelta de la luna.
Las ama, Neil.
Pd: Estuve pensando la siguiente frase para cuando pise la luna. Quizá deba pulirla un poco, aunque creo que está encaminada. Ahí va:
“Éste es un paso pequeño para el mí y uno gigante para la humanidad en general.” ¿Qué crees?
-No hay caso-, le dijo Leila a su madre entre sollozos. –Neil está engañándome, y tiene el coraje de escribirme semejantes estupideces. Está engañándome...
Leila apoyó la frente en la mesa. Estaba sentada en una silla de madera y sus brazos temblaban. Su madre, de pie a su lado, le acariciaba el pelo.
-Leila... ¿por qué no confiar en Neil? Cuando te casaste con él ya sabías que era astronauta. ¿O no es así? No te has casado con un campesino o un albañil- dijo la madre en tono grave.
-A
La mujer se sentó cerca de Leila, la tomó de la barbilla con el pulgar y el índice formando un arco abierto y mirándole fijamente los ojos azules, dijo susurrando:
-Nuestro país realiza misiones hija. Neil es uno de nuestros héroes. Además es el padre de Irina.
-Seguro es rubia.- continuó Leila rechazando la voz de su madre. -Y muy alta. Ojos preciosos debe tener. Así son todas las soviéticas.- dijo resoplando.
La madre la miraba sorprendida. –¿Qué decís hija?, ¿qué estás diciendo?
-Yo también tengo mis maneras de enterarme, mamá. Neil tiene otra. La muy perra es una que trabaja para los rusos. Y se llama Laika!






6 comentarios
moonluna
31 ago 2007 | 02:47 AM
jajaja.......... muy buena historia de mi amiga luna
honrarlavida
31 ago 2007 | 04:52 AM
Buenísimo, atrapante, qué linda manera de narrar un cuento!!!!! Pobre Neil, encima de tanto sacrificio en el campo de entrenamiento, aguantar la desconfianza de Leila... Quiero que siga el cuento!!! ¿qué pasó despues?
Realmente me mantuvo espectante hasta el final, lo disfruté.
Marcela
instanteca
31 ago 2007 | 06:49 AM
Muy interesante este cuento, si señor. Menudo tipo! No sólo engañó a su mujer sino además a los rusos!!!
:DDDDD
mixcelaneas
31 ago 2007 | 01:48 PM
Jajaja, muy bueno el comentario de "instanteca". Agrego que por lo que dicen (que no hubo ningún viaje a la luna) engañó a "toda la humanidad" y, por supuesto, entonces Leila tenía razón en desconfiar, es que ella lo conocía mejor que nosotros, jajaja.
Saludos!!!!
Oli
2 sep 2007 | 05:02 PM
Muy buena historia, que interesante!
BESOS!!!
......
31 oct 2008 | 07:40 PM
petera
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