EL Creador

Una sensación extraña, como un presentimiento, pero...¿de qué?, no podía definirla. Entonces lo vi. Justo en la esquina, frente al café donde estaba tomando una cerveza. “No puede ser”, pensé, “pero es él, y está vestido igual”. Miraba para todos lados, al fin pareció reconocerme y cruzó la calle para entrar al bar.

Decididamente se acercó a mi mesa, corrió una silla hacia atrás, y preguntó:

- ¿Puedo sentarme?

- Ssi,- le dije y lo observé con más cuidado. Era exactamente igual a como lo había visto y descrito, incluso tenía la mancha oscura en la manga del saco.

-¿ Extraño, verdad?- me dijo- extraño pero real. Sí soy yo, Lázaro Rantré, tu personaje ¿ No esperabas encontrarme aquí, cierto?. Yo tampoco hubiera podido venir si no fuera por vos, por tu descuido.

Por fin pude hablar y le dije:

- ¿ Pero... como?¿ por qué?, ¿qué te hizo real? ¿qué te hizo buscarme? Vos no existís fuera de mi novela, sos solo un personaje, una imágen, una fantasía hecha con palabras. Y ni siquiera un personaje querido...

- Sos como todos los escritores, como todos los padres. Jamás se preguntan si sus criaturas querían vivir, o si quieren vivir como a ustedes se les ocurre.¿ Me preguntaste acaso si quería ser un delincuente, un cura un millonario? No. Vos decidiste por mí, y me hiciste una porquería de persona.

- ¡ Pará!¡Pará! Vos no eras nada hasta que yo te di vida, hasta que te inventé.¡ Y no sos nada ¡. Fuera de novela no- sos-nada...¿Pero, qué me pasa?¿ Estoy loco? Te hablo como si fueras una realidad.¿Me habrán puesto LSD en la cerveza?

- ¡Loco?¿ por qué no?,¿ qué es la locura?, ¿ no le dicen enajenados a los locos? ¿ y estás seguro que eras vos cuando escribiste la novela’ ¿ o eran acaso esas voces que venían de adentro tuyo y no sabías de dónde?. Por un momento te sentiste grande, un mago, un brujo, un “creador”. Te arrogaste el derecho de volcar tus glorias y tus miserias en otros seres, otros que como yo no podían protestar, solo aceptar el destino glorioso o miserable que les atribuías.¡ Claro, el famoso escritor!¡ El audaz buceador de los más recónditos rincones del alma humana!¿Y, en qué quedaron tu fama, tu audacia, si no sos capaz de enfrentarte a una de tus creaciones, a uno de tus propios fantasmas? Esos fantasmas que te torturan y exorcizaste vomitándolos en el papel. Pero tuviste un error, un ínfimo, pequeño, tremendo error. Y por eso estoy aquí. Y por última vez voy a asumir el rol que me diste e incluso lo voy a superar. Esta vez mi crimen será perfecto, nadie podrá atraparme, encarcelarme, juzgarme ni condenarme. Te voy a matar. Y sin vos, que me creaste, nadie, absolutamente nadie, podrá hacerme nada. Me diste una vida miserable; es justo entonces que mueras miserablemente,

- diciendo así extrajo de su bolsillo una 9 mm.,me apuntó y disparó tres veces. Los impactos me arrancaron de la silla arrojándome al piso. Dos en el pecho, uno en el estómago, los proyectiles quemaban mis entrañas y con la sangre se me iba la vida. Alcancé a preguntarle antes de que se fuera sin que nadie, absolutamente nadie lo detuviera:

- ¿ Por...qué...pudiste...cómo...?

-¡ Pobre creador!, hiciste todo bien, solo olvidaste poner el punto final. Por ahí escapé…


La ambulancia corre haciendo sonar con vehemencia la sirena, es inútil, no va a llegar a tiempo. Él, que escribió mi historia, sí puso el punto final. Autor:Prof. Roberto Reynoso