ARTE Y FOTOGRAFIA
La fotografía en los tiempos del Photoshop

Ejemplo de imagen manipulada.
La manipulación de fotografías no es nada nuevo: a inicios del siglo pasado las primas Elsie Wright y Frances Griffiths engañaron a media Inglaterra, en especial a Sir Arthur Conan Doyle, al mostrar fotografías en donde las niñas eran acompañadas por pequeñas hadas. Tuvo que pasar más de medio siglo para que Elsie Wright aceptara que, pese a que juraba que en realidad habían visto hadas, cuatro de las cinco fotografías habían sido creadas utilizando ilustraciones recortadas sostenidas con alfileres. Ambas mujeres sostuvieron hasta su muerte, sin embargo, que la quinta fotografía era real.

Una de las famosas fotos de las hadas de Cottingley, de 1917. Aunque las niñas que tomaron la fotografía reconocieron que había sido una farsa, aseguraron hasta el fin que esta imagen no había sido manipulada.
No obstante, hasta la llegada de la era digital existía cierta legitimidad en la fotografía, una calidad de prueba irrefutable que ha comenzado a tambalearse. Por mencionar un ejemplo modesto, a finales de los ochenta la revista Club Nintendo solía invitar a sus lectores a enviar las mejores puntuaciones logradas en sus videojuegos tomando una fotografía a la pantalla, como prueba fehaciente de que los logros eran reales. Con los avances de la tecnología, una fotografía sería inadmisible actualmente, dada la facilidad con la se podría falsear la información.
En términos generales, la fotografía todavía mantiene una carga de credibilidad: la vasta mayoría de las personas espera que las imágenes que se les presentan sean un retrato de la realidad. En el caso del periodismo, a menudo resulta el ancla que solidifica toda la pieza, pues permanece una percepción de honestidad en la fotografía. Desafortunadamente, no falta quien explote los últimos remanentes de credibilidad de la fotografía para sus propios fines.
A finales de marzo del 2008 se suscitaron enfrentamientos violentos entre manifestantes tibetanos y autoridades chinas, iniciados por supuestos actos de violencia por parte de los tibetanos. Testigos pudieron identificar que el provocador era un oficial de policía disfrazado como manifestante, que blandiendo un cuchillo animaba a los protestantes a actuar violentamente. Las primeras imágenes mostraban claramente al agitador, y gracias a éstas el hombre pudo ser reconocido como un policía; sin embargo, páginas de internet y diario afines al régimen comenzaron a mostrar la misma imagen, pero ahora con el individuo eliminado digitalmente.

Las dos imágenes distribuidas por la embajada china: la de arriba muestra al "manifestante" violento. La de abajo, distribuida después de que se identificara al hombre como un policía disfrazado, lo elimina completamente.
De ordinario, las manipulaciones de imágenes se limitaban al entorno de la broma práctica, pero existe una creciente tendencia a falsear la realidad aprovechando la confianza que la gente deposita en la fotografía. El caso del gobierno chino es preocupante, pero es común encontrarlo, aunque de manera más sutil, a nuestro alrededor, para hacer la realidad más atractiva de lo que en realidad es. La compañía Dove lanzó una campaña que mostraba el estándar irreal que agencias de publicidad imponen a consumidores: un nivel de belleza que va más allá de cualquier maquillaje o crema, y que de hecho requiere de una reconstrucción total de los rasgos físicos.
