Sociedad

Tomás Abraham y "el sexo de nuestras hijas"

Me parecio muy intéresante,  esta nota para quienes como yo, somos padres de hijas adolescentes, esa edad que nos llena de angustia y miedos ante lo que les deparará el  futuro, cada vez más peligroso y frio...vivimos tiempos de miedo como dice el autor;  ojalá que este artículo nos ayude a entender un poco más ese miedo y afrontarlo en compañia de nuestras hijas....

"Hay tantas preguntas por hacerse cuando se tiene una hija en edad de mantener relaciones sexuales.Me refiero a la situación de un papá. Personalizo la situación porque creo en la diferencia sexual y en el pensamiento genérico. Además, los fantasmas inconscientes tienen una fuerte dosis de singularidad.

Cuando escucho que las encuestas dicen que los jóvenes de hoy tienen sus relaciones alrededor de los quince años, no me sorprendo, me mareo. Es una especie de vahído que resulta cómico. Pertenezco a una generación que bregó por borrar del mapa moral el puritanismo fascistoide de las antiguas autoridades familiares respaldadas por sacerdotes y pedagogos. Por eso cuando leo que el nuevo Papa les dice a los africanos que se conserven castos si quieren preservarse del Sida, se me sube el tomate a la cabeza y pienso cosas impublicables a favor del demonio. La castidad engendra monstruos, no precisamente místicos, porque en realidad no se trata de la castidad sino de la política de la castidad que ejercen seres que de vírgenes tienen poco y de perversos bastante.

La suerte me depara un sentido común me habla con voz amable y me recuerda que la vida es así, que el amor no sólo se siente sino que se hace, que no duele, que es hermoso, maravilloso, y que mejor que lo hagan en casa y no en la vereda o en el baño de un tugurio con música electrónica.

No es fácil la práctica sexual de nuestros hijos, no hablo de la nuestra porque corresponde a otro tema. Cada uno tiene su karma. Yo no quiero escuchar ruidos, me sublevan, me alarman, se me sube la glotis al techo. Si la casa es chica, el novio dormirá en el cuarto de nuestra hija como un santo maniatado. Si la casa es amplia, al menos puedo cerrar varias puertas de comunicación y dormirme con el televisor a todo volumen. Si no es tan santo, que lo parezca, es decir, que su silencio sea claustral. Nada de aparecerse merodeando heladeras en la madrugada para comerse una manzana, o, peor aún, hurgar a deshora como una rata los restos de la cena...

No quiero decir con esto que el único aire puro que asimilo es el que producen los desodorantes de ambiente, lo único que digo es que así como a los hijos los perturba ver la escena primordial protagonizada por sus viejos, a nosotros los padres tampoco nos gusta que nuestros angelitos se conviertan en....bueno no sé, qué se yo, bestias, no, bestias no, mis dulces muñequitas, en algo parecido a eso que describe Melanie Klein cuando estudia los fantasmas de devoración que me hace evocar el pornocanibalismo adolescente.

Pero hoy en día no se trata de un desflore en nuestra propia cuna, de la conversión del arroró de ayer en un gemido de placer, sino del fantasma de la muerte. Ya no de un embarazo por falta de cuidado, sino del HIV, de lo peor.

Vivimos tiempos de miedo. Sólo la responsabilidad de nuestros hijos, el cuidado de sí mismos, pueden aliviarnos de nuestras sospechas y pesadillas. Pero el amor es traicionero. Cuando tienen una relación estable, se suponen fieles, y hacen sexo sin preservativo. Rogamos por la fidelidad del novio, asegurada que pensamos la de nuestra propia sangre

No sé si los papás de ahora están orgullosos de la perfomance sexual de sus machitos. En mi época púber, padres y tíos nos hacían debutar y se enorgullecían de nuestro falito. Con las hijas era distinto. Pero hoy ya nada es distinto, la situación de riesgo es para varones y mujeres. El tema de hoy son dos, y dos son los estados de ánimo. Uno es menor, divertido y doméstico: nada de ruidos. El otro es mayor, angustiante y universal: hay que usar preservativos porque el riesgo es de muerte.

Fuente: blog de Tomás Abraham. Tomás Abraham es un filósofo argentino que participa del Cemupro.